frank gheryFrank Gehry (Toronto, 1928) es lo más parecido a un arquitecto-artista que hay. Sus proyectos son extravagantes, exuberantes, geniales, e irracionales, y él mismo admite que nacen de sus propios caprichos y su irreprimible creatividad, sin más tapujos. Aunque detrás de esa leve arrogancia artística, hay un emprendedor e inventor dinámico que ha revolucionado los sistemas con los que diseñan y construyen los arquitectos – y mas alla, ha torcido los gustos del publico hacia nuevas vías de la estéticajamás antes exploradas, creando así una autentica nueva realidad.

De alguna manera, su proceso es bastante tradicional: dibuja a mano alzada, desarrolla intuitivamente los conceptos, y luego su equipo se pone a plasmarlo literalmente en maquetas, representaciones virtuales, y prototipos. Y aquí es donde se pone interesante, porque de sus croquis 'tradicionales' a los edificios en si mismos hay un entramado tecnológico de características monumentales y de cuasi-ciencia-ficción. Las maquetas se desarrollan a mano, como esculturas, en pedacitos de papel y cartulina, pero una vez están terminadas el equipo las 'escanea' con un escáner 3D para traspasar toda la información al ordenador, donde pueden empezar a 'racionalizar la escultura' en un edificio de verdad. Gehry fue muy hábil combinando de manera pionera un proceso 'artístico' (expresivo, subjetivo, y a veces hasta algo surreal) en una arquitectura de tecnologíaeingeniería punta.

El Guggenheim Bilbao (1997) – su obra mas famosa – fue el primer proyecto del mundo en usar 'Catia', un programa de la industria aeroespacial, para diseñar un edificio terrestre (que no mundano). Hoy, Gehry es el dueño de Digital Project, uno de los programas mas revolucionarios de la industria ya que integra arquitectura, ingeniería, control de costes, fabricación, e instalación en un solo programa. Así, un equipo de arquitectos, ingenieros, y fabricantes pueden trabajar digitalmente sobre una misma estructura virtual mientras el programa calcula y recalcula el coste final del edificio con cada nueva línea, columna, o tubo añadida. Ciencia-ficción? No, Gehry torciendo la realidad de nuevo.

La arquitectura-espectáculo de Gehry no siempre ha recibido buenas criticas. Su museo en Bilbao fue rompedor porque creo entorno a si todo un nuevo modelo de urbanismo además de un estilo y tecnología nuevas. El 'efecto Guggenheim', como se lo ha llamado desde entonces, consiste en contratar un arquitecto estrella tipo Gehry para 'revitalizar' ciudades decaídas: una especie de 'city-lifting' en la que la arquitectura hace de bisturí dentro de una estrategia de marketing bien calculada. En Bilbao funciono, y los costes del proyecto fueron amortizados en pocos años gracias a la renovación que supuso para la ciudad como nuevo destino turístico. Sin embargo, varios críticos apuntan que lo que sucedió en Bilbao no puede convertirse en formula universal: no todas las ciudades pos-industriales necesitan (o pueden albergar) un 'Gehry'.

Mas allá de los temas económicos y políticos, Gehry nos re-representa uno de los grandes problemas estéticos de la arquitectura: Debe la arquitectura ser "callada" o "llamativa"? Debe estar en el centro de nuestra atención, requiriéndonos constantemente, cortejando y seduciéndonos? Opor el contrario, debe proveernos del espacio para pensar y reflexionar sobre las ya de por si apasionantes situaciones en que nos pone la vida? En Bilbao este problema de primer y segundo plano, pieza y contexto está, sin duda, tremendamente bien resuelto: a pesar de sus explosivas formas el edificio encaja perfectamente en su contexto. Esta dialéctica entre el edificio y la ciudad es uno de los problemas fundamentales de la arquitectura, y hay quien acusa a Gehry de frivolidad y exageración con sus edificios proto-protagonistas.

En otros tiempos, quizá, la arquitectura espectáculo y el arquitecto-artista podían parecernos oportunos y fieles al reflejo de una sociedad estable y en perpetuo estado de éxtasiseconómico-social. Sin embargo en estos tiempos de austeridad, donde todo cambia y nada parece estarse en su sitio, las reales torceduras de Frank Gehry sientan indigestas a más de uno. Son tiempos para la sobriedad y la responsabilidad – quien sabe cómo madurara la arquitectura de Gehry? Él lo tiene claro: en California siempre hace sol.

04/05/2012

06. GEHRY copia

¿Puede un edificio encapsular el infinito?

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"Por supuesto," parece decir Louis Kahn en este dialogo ficticio con ese otro gran maestro del infinito, Jorge Luis Borges. Visitar el Salk Institute en La Jolla, California, es darse un paseo por el infinito, o al menos asomarse a él.

Mucho antes de que la fiebre por las "infinty pools" se apoderara de los horizontes costeros de todo el mundo, Louis Kahn (1901–1974) ya había atrapado el infinito en una obra de arquitectura: el Salk Institute for Biological Studies (1965). En esta obra Kahn desarrolla todas sus grandes virtudes –del manejo escultural del hormigón y la luz natural, a su maestra racionalización entre elementos "servidos" y elementos "servidores," el Salk Institute es un fiel testamento del genio de este arquitecto estadounidense.

Kahn siempre fue un arquitecto obsesivo y perfeccionista – sus obras destacan por el uso absolutamente racionalde los materiales y de unas estrategias formales tan creativas como eficaces. En el Salk Institute, el hormigón es usado no solo como material estructural, sino como lienzo para expresar la propia secuencia constructiva y para puntuar el edificio como un texto de poesía visual. La disposición de los volúmenes, simétricamente dispuestos y alineados con la precisa línea Este-Oeste del equinoccio, separados por una plaza totalmente abierta al público, hacen de este edificio una auténtica catedral al aire libre. A pesar de su monumentalidad, el juego de sólidos y vacíos que generan la orientación y la espejada geometria de los volúmenes, hacen que la experiencia espacial sea casi evanescente – una arquitectura metafísica.

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Kahn buscaba siempre esta dimensión espiritual en sus edificios e increíblemente, lejos de caer en la demagogia y el cliché, su arquitectura consigue hacernos sentir algo del más alla, reflexionar sobre el tiempo y el inexplicable misterio de la existencia. Es algo tremendamente difícil de hacer en una profesión marcada por las exactitudes de la ciencia y las inexactitudes de las relaciones sociales, y sin embargo sus obras parecen lograrlo con una pasmosa facilidad.

Como todos los grandes creadores, las obras de Kahn consiguen sublimar su propia figura. De alguna manera Kahn consigue trascender las maneras de pensar, de ver y de juzgar que nos atan a la realidad, y hacerlo, mágicamente, con delicadeza. Su obras rezuman una misteriosa sensación de verdad, de universalidad, una arquitectura construida más con metafísica que con materiales concretos, una arquitectura más metafísica que el propio tiempo.

Una arquitectura virtual encapsulada en lo terrenal y que parece hablarnos sin decirnos nada. No hay infinito más profundo que el silencio.

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