30/03/2012

04. MY ARCHITECT copia

rem koolhaas

En SMLXL, uno de sus más importantes libros, Rem Koolhaas cuenta que estableció su oficina en Rotterdam porque ofrece un perfecto "laboratorio de indiferencia", un contexto social tremendamente aburrido, para que sus empleados no tengan mejor plan que quedarse en la oficina trabajando sin cesar.

Mi año con Koolhaas no fue nada aburrido, pero sí es cierto que no hice más que trabajar. Corría el año 2003 y estábamos diseñando el edificio para la nueva Central de la Televisión Pública China (CCTV). El cliente, siendo el propio estado chino, tenía la imperiosa necesidad de terminar el edificio antes de las Olimpíadas de 2008. En otras palabras, se trataba de
un símbolo de poder, a nivel geopolítico, de la Nueva China. Fue así como nos llovían las entregas, prácticamente una por semana, y fue así como decidimos trabajar dos turnos. Yo salía de trabajar a las dos de la madrugada y a esa misma hora entraban al estudio los del turno nocturno. Nos saludábamos con una sonrisa amable en el pasillo, como si nada. Yo me iba a casa en bici, muchas veces patinando sobre el hielo y me tomaba un Martini en casa con mi compañero de piso, que era también del turno diurno, mientras los dos mirábamos por la CNN, cansados y en silencio, cómo Estados Unidos invadía Irak. A las nueve de la mañana ya estábamos en el trabajo otra vez, despidiendo a los del turno nocturno.

Recuerdo que un día Koolhaas entró en la sala de fabricar maquetas (era como un garaje con todo tipo de materiales y maquetas de todos los tamaños tiradas por el suelo, en las mesas y hasta en las paredes, no teníamos tiempo de limpiar entre entrega y entrega). Supongo que nos vio algo cansados, y desde su increíble altura (mide casi dos metros) y su fabulosa camisa hawaiana nos gritó "Pero, qué os pasa? Dónde está vuestra energía?". Koolhaas es, por lo que vi, un personaje hipervital, como su arquitectura, más vivo que la vida misma. Contaba la leyenda que, en esa época, para negociar el contrato con CCTV tuvo que quedarse en Beijing tres semanas. Al parecer hacía más de tres décadas que no pasaba más de una semana en la misma ciudad, y empezó a volverse loco, como claustrofóbico. También cuenta la leyenda que personalmente cobraba por ese proyecto el módico salario de unos 6.000 euros... EL MINUTO. Aunque luego vivía en un bloque de apartamentos de clase trabajadora.

Koolhaas, como sus edificios, vibra en el filo de la paradoja: de la crítica más feroz hacia el consumismo y la falta de valores en la sociedad nihilista posmoderna, pasa al diseño mega-snob de las tiendas de Prada en New York y Los Angeles. De los espacios minuciosamente diseñados, milimétricamente pensados para el disfrute, la circulación, la congregación y la funcionalidad, pasa a las decisiones histriónicas más extravagantes: una sala de conciertos con un ventanal gigantesco abierto a la ciudad (Oporto), un gesto arquitectónico aproximado al totalitarismo (CCTV), o una casa para un cliente en silla de ruedas, sin pasamanos en los vacíos del ascensor (Bordeaux).

No me cabe la menor duda de que es un genio. Tiene la mentalidad realista del que es capaz de transformar lo imposible en lo estrictamente necesario, lo absolutamente inverosímil en lo más natural del mundo.

En términos de método también es un revolucionario. No se le puede llamar arquitecto desde el punto de vista clásico: no "resuelve" magistralmente los proyectos con una elegante pluma sobre una servilleta de papel (como pueden hacer Chipperfield o Foster), sino que lanza preguntas como dardos a su equipo, metiendo el dedo en la llaga sin escrúpulos allí donde vea un vacío por mínimo que sea, de estrategia o de inteligencia; hace sugerencias que brutalmente destapan nuestros prejuicios o valores formales más sagrados e innecesarios y opta por el idealismo o el pragmatismo según el problema y la coyuntura, siempre de la manera más directa y clarividente. En definitiva, hace fluir la creatividad y la innovación más allá de lo que pensamos era posible, creando nuevos géneros, tipologías y realidades desde su imaginación.

Koolhaas es un iconoclasta y un pensador, como decía Le Corbusier en su pasaporte: un "Homme de Lettres". De alguna manera es más un poeta o un humanista trasplantado a la arquitectura, que un arquitecto ""serio". Pero justamente allí reside su fuerza.

Es, sin duda, el arquitecto más innovador de la profesión en los últimos treinta años, renovando no sólo en aspectos formales, materiales y de proyecto, sino en la definición misma de la arquitetura: cuál es su objeto, la ciudad o la conciencia?, cuáles son sus herramientas, el espacio o los medios?, quiénes son sus agentes, los arquitectos o los usuarios?. El propio Koolhaas responde, desafiante: "por qué elegir cuando la arquitectura puede con todo?". Y él mismo, con su arquitectura lo demuestra.

09/03/2012

03. HOUSELIFE copia

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