17/05/2013

BAUHAUS

19/04/2013

KOCHUU

niemeyerOscar Niemeyer fue el arquitecto que todos queríamos ser.Sobretodo aquellos de nosotros hijos del siglo XX.
Imaginó y construyó edificios dignos de la ciencia ficción, sensuales monumentos sobre acantilados frente al mar, catedrales del espíritu, la cultura, la política o la industria, y ciudades enteras surgidas literalmente de la nada.

Su carrera es un poema al futuro desde el presente más ardiente del siglo pasado.
Con una ambición y precisión cosmológicas, Niemeyer pudo aunar sus más íntimos deseos estéticos y unas convicciones sociales de asombrosa pureza e idealismo, como su arquitectura.

Su vida fue fiel reflejo del siglo XX: sus sueños imposibles, su exuberancia, seducciones, su novedad, ligereza y solemnidad, su humanismo y su crueldad.
Niemeyer es el padre que nos parió.

Sus formas sensuales y musculosas nos acogen y nos someten. Su poderoso silencio oscila entre la magnanimidad y la megalomanía, entre la brutal arrogancia del creador y el terrenal paraíso que nos promete para todos.

Desde el nuevo siglo XXI, su legado se torna extraño y cercano a la vez, paradójico. Objetos arqueológicos excavados del futuro o de una civilización extraterrestre.
La sinuosidad de su lenguaje coloniza ahora el mundo, los nuevos mundos, desvirtuado del mensaje idealista, ferozmente comunista al que Niemeyer jamás renunció. Pero él nunca quiso reducir la política y la arquitectura a una misma cuestión, si bien entendía como nadie cuan conectadas están.

Su legado pervive en la expresión de una arquitectura vitalista, orgánica pero no natural, ligada al poder y al afán de superación, totalmente racional en su medida irracionalidad, ya sea para príncipes de monarquías próximas o lejanas, o de empresas transnacionales.
A pocas semanas de su muerte, casi días, sabremos convertir la energía de Niemeyer en ese futuro presente por el que él nunca dejó de trabajar?

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